Para
nutrir el ejercicio de cómo hacer crónicas es necesario concretar algunos
conceptos y, de igual manera, establecer el método que va a usarse. Para hacer
esto recurrimos en primer lugar a los planteamientos sobre géneros y tipología
que establecen Lennart Björk y Ingegerd Blomstrand, asimismo a su “modelo de
proceso” o de enseñanza “holística” y, por otra parte, recurrimos a los
conceptos de crónica que pueden extraerse de la Antología de grandes crónicas
colombianas, donde se encuentran las consideraciones de autores de la talla de
Daniel Samper y Juan Rodríguez Freire.
En
primer lugar, la enseñanza de la escritura basada en el proceso, o enseñanza
holística, busca que el aprendizaje se dé por sentido común, tiene como premisa
que se escribe mejor si se revisa una y otra vez lo que se escribe, incluso más
si otra persona lo hace. Asimismo, nuestra capacidad de lectura mejora con cada
revisión. Con esto se pretende dar prioridad a la creación, al desarrollo de la
habilidad de escribir, y no a la corrección lingüística. De igual forma, la
enseñanza holística contradictoriamente se debe ver más como un proceso de
aprendizaje y no como uno de enseñanza, tanto aprendiz como maestro descubren a
cada paso.
En
esa línea, para nuestro ejercicio se tendrá muy en cuenta la corriente
expresiva, movimiento que profesa que el estudiante puede reflejar en su
escritura pensamientos, sentimientos, etc. (esta corriente se relaciona
estrechamente con la crónica de estilo de la que se habla más adelante). La
corriente expresiva es “la posibilidad que ofrece la escritura al individuo de
expresar pensamientos y, no menos importante, sentimientos personales” (Björk y
Blomstrand, 2000, p. 21).
Björk
y Blomstrand también hacen algunas aclaraciones sobre géneros textuales que permiten
establecer que la crónica pertenece al género discursivo de tipo periodístico y
que de la misma manera puede enmarcarse en el tipo textual de la narración “El
propósito primordial de un texto de esta categoría es contar una historia”
(Björk y Blomstrand, 2000, p. 32), por otra parte se aborda también la
pertinencia de este tipo de textos pues se da en un marco de “escritura
orientada hacia el lector” (Björk y Blomstrand, 2000, p. 30), es decir, que da
prioridad a la comunicación, a la interacción social. (Para entender más sobre
Genero y tipo textual ver: Björk y Blomstrand, 2000, capítulo 2).
Después
de las precisiones sobre la escritura, se hace ahora importante establecer lo
que es crónica desde una perspectiva más específica.
Según
la Antología de grandes crónicas colombianas, La crónica (del griego kronos,
tiempo) desde un principio se llamó de esa manera porque relataba los sucesos
según acaecían con el transcurso de los días, en esa línea, se hace importante
precisar que lo que se espera a la hora de leer una crónica es que narre
sucesos cronológicamente.
A
lo anterior se debe sumar que lo importante en la crónica (al menos en la
moderna) es que se debe dar prioridad a la historia que se narra y la forma en
que se hace, el "relato específico de determinados detalles,
circunstancias o personajes (...) donde el cronista toma apenas un átomo de la
realidad, lo investiga y se esmera en narrarlo con estilo ágil y elegante.”
(Samper, 2003, p. 34).
Aún
con la fuerte crítica hacia las crónicas de estilo, esta es una buena
herramienta para iniciar el ejercicio de creación de crónica, pues, en este
tipo de texto la opinión del autor es fundamental. Normalmente, en un primer
ejercicio, el estudiante suele plagar su escrito con opiniones personales de lo
que narra, no logra separarlas de la crónica, hecho que se puede usar como
ventaja en el aprendizaje. Por otra parte, como expone Daniel Samper, para la
crónica histórica y periodística los hechos son la clave, y solo como aliño se
permiten las opiniones o impresiones del autor, este tipo de crónica se puede
explotar más adelante en el proceso de aprendizaje, después de que el alumno
separe su opinión personal del texto.